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Categoría: General

Gestión de información, documentación, tareas, contacto, etc.

Hoy me gustaría hablar de cómo organizo la gestión de la información, documentación, contactos, etc. Aunque este pueda parecer un tema baladí, su transcendencia es vital a la hora de organizarse en una época en la que nos encontramos hiperinformados, saturados de documentos pero que nos permite tenerlos disponible en cada sitio.

Cuando regresé a Tenerife, me supuso un gran quebradero de cabeza llegar un estado óptimo en el que todos los dispositivos -ordenador, teléfono, tableta y web- estuviesen sincronizados y con acceso a la información necesaria. Tras darle muchas vueltas, esta es la conclusión a la que he llegado.

Correo

Sin duda, creo que la mejor opción es el uso de correo de Google, tanto sea Gmail como la versión para otros dominios -G Suite-. Además, crear cuentas bajo el paraguas de Google permite acceder a los servicios de otras plataformas, como veremos más adelante.

En cuanto al cliente que uso, estaba acostumbrado a manejar Outlook que, mediante una cuenta Exchange gestionada paralelamente correo, contactos y calendario. En su momento estuve probando varios clientes desde el ordenador y ninguno me convenció para usarlo definitivamente. Así que, finalmente, gestiono el correo desde la propia web de Gmail. También traté de probar InBox como gestor, pero por mi metodología de trabajo, no se adecuaba a lo que necesitaba.

No obstante, sigo encontrando determinados déficits en la plataforma. El primero, sin conexión a Internet no hay correo en ninguno de los dispositivos -imaginemos un vuelo, zona sin cobertura, etc. Existe una herramienta de Google que permite almacenar en local hasta un número determinado de correos. Pero, si mi dispositivo tiene espacio suficiente, ¿por qué Google no permite su sincronización completa como sí hace Drive? Creo que este sería un punto de mejora. Para tener una copia en local de los correos, recurrentemente hago un "Take Out" con la propia herramienta que facilita Google, a modo de copia de seguridad y para ir liberando espacio.

Otro de los problemas tiene una componente más trascendental y de forma de entendimiento de los correos y conversaciones. Empecemos por lo importante: la forma que tiene de tratar Gmail los correos y las conversaciones es cuanto menos confusa; por no decir nefasta-. Quizás venga heredado por el uso intensivo que tuve de Outlook pero, para mí, un correo es casi un objeto, un fichero, un documento que yo guardo en una carpeta en concreto para poder almacenarlo ordenadamente. Es decir, me llega un correo a mi bandeja y si tengo algo que hacer con él, lo dejo ahí, si no requiere de mi atención, lo muevo a una carpeta -por ejemplo un correo personal, de un proyecto, mailings, etc.- y se queda archivado o guardado en la carpeta que yo quiero.

Gmail no lo ve así, lo ve como entes abstractos a los que se le puede ir asignando etiquetas -varias etiquetas, esto sí podría ser un punto a favor-. Algunos dirán que se pueden utilizar las etiquetas como si fuesen carpetas y, de hecho, así lo hago. Pero desde que conceptualmente no es lo mismo, se van generando diferencias irreconciliables a la hora de gestionar los correos. Además, ese razonamiento no funciona con los correos enviados. Es decir, a los correos enviados sí se les puede asignar una etiqueta -¡faltaría más!-, pero no se pueden quitar de la carpeta de "Enviados" de la plataforma. Yo gestiono tanto mi bandeja de entrada como mis enviados -y en más de una ocasión, me ha salvado de graves problemas-. Lamentablemente, el punto de no poder sacar los correos enviados de la carpeta genérica a la carpeta que yo le quiera asignar -personal, proyectos, etc.- es algo con lo que tengo que tragar.

Otro punto que me genera mucha confusión es lo que Gmail entiende como «conversaciones». Por ejemplo, si me llega un correo de un proyecto y yo se lo reenvío a otra persona, para Gmail todo eso es una misma conversación. En ese punto, discrepo radicalmente, ya que para mí realmente no es que hayan dos conversaciones -una, con la persona que me lo envía y, otra, con la persona a la que se lo reenvío-, sino que simplemente no hay conversaciones. Como decía anteriormente, trato cada uno de los correos como si fuesen independientes y preferiría que lo que la plataforma llama conversaciones, simplemente me dejase manejar cada correo como yo quisiese.

Por todo ello, estuve a punto de cancelar mi cuenta en Gmail y contratar una más personalizable, pero, tras analizar los pros y los cons, creo que hubiese sido un gran error. Así que, como resumen de este apartado, aquí se los dejo

Pros:

  • Correos en la nuble y accesibles desde cualquier dispositivo
  • Tamaño de carpeta (15GB), aunque yo uso la versión de pago (100GB)
  • Motor de búsqueda de los correos (esto hace que el tema de las carpetas no genere tanta complicación)

Cons

  • Visión abstracta de los correos
  • No se sincroniza al 100 por 100 con las carpetas locales
  • Gestión y almacenamiento de los correos enviados y recibidos

Calendario

Tras utilizar brevemente el calendario de la cuenta de Apple, me percaté de las graves deficientes que tiene y de lo complejo que podría llegar a ser que estuviese todo sincronizado -más aún con lo que no fuese de Apple-. Por eso y aprovechando la cuenta de Google, me lancé a probar el Google Calendar. Aunque su gestión desde la web puede llegar a resultar compleja, al final me acabé haciendo al concepto. Además, hace algún tiempo que incluye recordatorios que antes, poniéndolos como eventos era complicado de seguir sobre todo si no lo finalizabas. Esos recordatorios también permiten ser creados con las tareas (veremos el Google Keep más adelante). A través de Google Calendar se pueden gestionar diversos calendarios -personales, profesionales, reserva de salas, etc.-, así como la gestión de convocatorias a distintas personas, zonas horarias y demás. El único problema que le encuentro es que solamente funciona correctamente con el cliente web; llámenme tradicional pero me gustan los clientes locales.

En definitiva, sin duda es mejor opción para la gestión de la agenda por su engranaje con Gmail, Keep, y Contacts -siguiente punto-.

Contactos

Aquí se lió una buena... Anteriormente, tenía dos agendas: una personal en mi iPhone, sincronizada con la cuenta de Apple y otra profesional en un fichero de Outlook. la unión de las dos y gestionar de una forma eficiente añadir nuevos contactos, sincronización con los correos de Gmail e invitaciones de Calendar casi que descartaba por completo la posibilidad de seguir usando la cuenta de Apple.

¿Solución? Google otra vez; en esta ocasión, Contacts. Importé todos los contactos de mi cuenta de Apple a la cuenta de Gmail, cargué el fichero de Outlook a través de la herramienta de la plataforma y de esta manera, tenía ya en una cuenta todos mis contactos. Posteriormente, sincronicé todos los dispositivos con la cuenta de Google Contacts, deshabilitando la de Apple y va de maravilla. La sincronización desde que añades un contacto en la web hasta que lo tienes en, por ejemplo, el móvil, es casi inmediata.

¿El único inconveniente que le encuentro? Cliente web en vez de local.

Tareas

Puede que este haya sido el aspecto en el que he probado un mayor número de opciones: Las tareas del iPhone, ToDoist, Outlook, Trello, ... Y al final, ¿dónde acabé? Exacto, Google. En este caso, Google Keep. Aquí es importante señalar la diferencia de concepto entre recordatorios y tareas. Los recordatorios los suelo utilizar como cosas muy puntuales -llamar a alguien, enviar un correo, seguimiento, etc.-, mientras que las tareas pueden ser cosas de mayor envergadura -desarrollo de una presentación, valorar una compañía, hacer un estudio de mercado- y, generalmente, están enmarcadas dentro de proyectos específicos.

Google Keep permite crear tareas, asignarle etiquetas, colores, etc. Además, esas tareas pueden incluir imágenes, lista de checks, compartirla con colaboradores. Otro punto muy positivo es la posibilidad de convertir una tarea de Google Keep directamente en un recordatorio de Google Calendar. Es decir, las opciones son innumerables. En mi caso, las divido entre tareas personales, profesionales y proyectos, asignándole un color específico en función de la prioridad. Funciona como un gran tablero que puedes ir moviendo, es un concepto que también usaba Trello pero en el caso de Keep me parece mucho más logrado e intuitivo. Huelga decir que la sincronización entre todas las plataformas es inmediata y también es posible capturar determinada información -en el navegador, por ejemplo- para terminar de revisarla con posterioridad. En teoría, también serviría para escribir notas pero, en ese aspecto, Evernote es el rey -siguiente punto-.

En definitiva, creo que esta ha sido uno de los mejores descubrimientos que he hecho en relación a la gestión de productividad y aquí no tengo absolutamente nada que objetar -quizás lo de cliente local, por ser reincidente-.

Notas

Fountain pen on an antique handwritten letter

Evernote, sin lugar a dudas. Hay posts enormes dedicados a esta aplicación y en la que se ven todas sus bondades, pero yo me centraré en el uso que le doy. El primero, como base de notas de reuniones, conferencias, o cualquier cosa que considere de interés. Normalmente, acudo con mi cuaderno y herramienta de escritura, plasmando en el papel lo que considero más interesante. Pero como no podemos ir a todos lados con el cuaderno y nunca sabemos cuándo vamos a necesitar las notas, lo primero que hago al llegar a la oficina es trasladar las notas de papel al Evernote. Automáticamente, esas notas están sincronizadas en todos mis dispositivos.

También uso Evernote para guardar determinados artículos que no quiero simplemente leer, sino conservar para un futuro por su relevancia tanto desde un punto de vista profesional -noticias, estudios, etc.- como personal -recetas, tickets, resumen de procesos-. Evernote tiene un módulo de tareas, pero sin ninguna posibilidad de combatir mano a mano con el tándem Keep y Calendar.

Y lo mejor de todo, ¡tiene cliente local! Aunque se puede acceder tanto desde la web como desde otras aplicaciones. Los principales problemas son dos: el primero, la exportación de las notas se puede hacer a PDF pero con un formato muy feo y algunos errores de corte, lo que implica que haya que copiar y pegar una por una en Word y formatear. El segundo problema es que, para poder acceder a un potencial de usabilidad decente, tienes que contratar una de las tarifas de pago.

Almacenamiento

Estamos en un momento donde el acceso a la información es vital, estés donde estés. Por eso, estuve mirando diferentes alternativas para tener sincronizada la carpeta de trabajo con la nube. Primero probé Dropbox pero no me terminaba de convencer, además de que era prácticamente necesario tener una cuenta de pago. También estuve mirando otras opciones, como One Drive, pero tras mucho camino recorrido, volví a llegar a la misma conclusión: Google Drive es la mejor opción. Está claro que no ha sido por no intentarlo, pero las aplicaciones de Google son las que mayor versatilidad me han dado -salvo en un punto, que veremos más abajo-.

Google Drive tiene una herramienta de sincronización maravillosa, permite gestionar los accesos de distintas personas de forma muy intuitiva -eso sí, todo vía web- y, sobre todo, es muy rápida tanto en la gestión de los procesos como en cargar o descargar información. Además, tiene el valor añadido de que comparte suscripción con la cuenta de Gmail, con lo cual es más eficiente en costes.

Para lo único que no uso Google Drive es para compartir ficheros pesados, ya que es necesario que para hacerlo a través de esta plataforma, la otra persona también tenga una cuenta de Gmail y no es del todo intuitivo. Por ello, para ficheros inferiores a 2Gb uso WeTransfer, por su comodidad, sencillez y rapidez; mientras que para ficheros superiores utilizo Mega, aunque es preciso puntualizar que es un servicio un tanto lento.

Recientemente, también estoy utilizando la cuenta de Google Drive para tener una copia en la nube de mi galería fotográfica. Hay dos opciones, subir la foto con la resolución original -lo cual ocupa espacio de la cuenta- o subirlas con resolución optimizada -no ocupa espacio de la cuenta y puedes subir todo lo que quieras-. Dado que ya tengo copias de seguridad físicas y lo único que pretendía era tener accesible de una manera rápida mi galería de fotos en cualquier sitio con Internet y rara vez para usos de grandes dimensiones, opté por subir con resolución optimizada -la resolución original ocupa varios terabytes por el uso de formatos como Camera Raw, así que es otro aspecto que también me hizo decantar por el formato optimizado-.

Suite de trabajo

Hasta ahora, todo había sido gestión de correos, calendario, tareas, etc. Pero a la hora de generar documentos de proyectos, básicamente necesito suplir tres aspectos: un procesador de textos, una hoja de cálculo y un editor de presentaciones. Quizás sea por el coste, y no solo en términos económicos, que implicar pasar de un sistema aprendido a otro o porque exista un sistema generalmente aceptado, pero en este caso, la oferta de Google ni de cualquier otro competidor ha sido suficiente. El entorno de trabajo que más ase adecua a mis requisitos es sin lugar a dudas el archiconocido Microsoft Office.

Word, Powerpoint y Excel son mis herramientas de uso diario. Es cierto que existen otras aplicaciones, muchas de ellas incluso online, pero no he probada ninguna que pueda superar a estar tres; ni individualmente ni en conjunto. Google tiene sus aplicaciones de Google Docs, con hojas de cálculo y procesador de texto, pero su usabilidad y la potencia de sus funciones no es tan elevada. También se podría utilizar el Adobe Designer para las presentaciones -como me hizo ver un amigo-, pero el punto de extra de profesionalidad y diseño que aplicaría no compensaría la cantidad de tiempo que tendría que aprender a utilizar la herramienta de Adobe -switching costs-; además de que no contaría con la perfecta integración de las tres soluciones de Microsoft Office.

Noticias y blogs

Una vez un profesor dijo una frase que se me quedó marcada: «Hay que estar tan bien formado como informado». La idea es tremenda, ya que mucha gente piensa que una vez que termina su fase educativa -están formados-, ya lo saben todo y no no consideran conveniente estar al tanto de los avances en sus respectivas área o de lo que sucede a nivel sectorial, nacional o geopolítico -estar informado-. Considero que este segundo punto es tan importante o más que el primero, ya que es lo que te hace destacar sobre el resto en el momento de interrelacionarse con un superior, un cliente o simplemente, cualquier persona. Es decir, hace que puedas crear impacto.

Muchas veces recibo correos, noticias o comentarios y en muchos casos se podría pasar sin decir absolutamente nada sin mayor consecuencia. No obstante, creo que es vital que cuando alguien se ha acordado de nosotros y nos ha hecho llegar algo, debemos responder y a ser posible con algo más que un simple «gracias». Pero tampoco hay que responder sin conocimiento de causa, sino aportando valor, y para ello, solo hay una manera de hacerlo, que es estar al tanto de lo que sucede en los que te afecta tanto profesional como personalmente.

Por ello, todo los días dedico una cantidad de tiempo importante a leer la prensa, tanto general como especializada y, por el segmento de mercado al que me dirijo ahora, la prensa local. Cada mañana, cuando me siento delante del ordenador, directamente abro 5 pestañas con toda la información que considero relevante saber desde el primer momento del día, a saber:

  • 2 periódicos generalistas de España (estos ya recogen la información internacional más relevante y hay que tratar de tener el menor sesgo posible)
  • 1 periódico económico de España
  • 2 periódicos locales
  • Flipboard: noticias mundial con los principales tema de interés
  • Feedly: feed de artículos de blog con mayor relevancia

Quizás pueda parecer mucho pero es una rutina indispensable y, realmente, muchas noticias están duplicadas por lo que no se trata de leer 5 o 6 periódicos al día. Por cierto, no presto ninguna atención a cualquier noticia de sucesos. Básicamente lo que me pregunto antes de leer una noticia es: ¿esto va a tener algún impacto en el futuro o es algo circunstancial? En función de la respuesta, la atención que le preste a la noticia será mayor, menor o nula.

Resumen

Después de este post tan largo, voy a tratar de resumirlo en unas pocas líneas:

  • En casi todos los aspectos -excepto las notas de Evernote-, Google ofrece una herramienta que me resulta la más fácil de adaptar e integrar
  • He tenido que pasar de utilizar clientes locales -por ejemplo, Outlook- a clientes web
  • Microsoft Office sigue siendo standard de mercado para ofimática
  • Es tan importante estar formado como estar informado

Un saludo y espero que esta información sobre cómo utilizo los distintos programas disponibles y gestión de la información les haya sido de utilidad.

JP.

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Epístola sobre indicadores

Este post va a ser un poco diferente. Un muy buen amigo mío, gran economista al que siempre acudo cuando tengo dudas, me preguntó hace unos días por algunos indicadores específicos a la hora de valorar y analizar la situación de distintas empresas. A pesar de que mantuvimos una charla en la que traté de explicar de la forma más didáctica cada uno de esos indicadores, haciendo algunas matizaciones e incluso críticas, posteriormente puse en negro sobre blanco lo hablado. Al final, lo escrito prevalece.

En esta entrada simplemente voy a recoger el correo de respuesta. Dada la confianza que tenemos, el lenguaje es muy directo. Empieza la cita:

«

(Activo circulante-pasivo circulante)/activo total

+Existencias
+Clientes
-Acreedores
= Capital circulante (puede ser negativo, caso de supermercados)

 Lo importante es entender la inversión en capital circulante, fondo de maniobra, working capital -todos significan lo mismo-. Como hablamos ayer, es la inversión y la financiación de una empresa en sus operaciones habituales. Se refiere, básicamente a las partidas de existencias y clientes, por el lado del activo y acreedores, por el lado del pasivo. Sobre las cuentas y subcuentas que hay que incluir no existe una definición exacta, sino que es preciso atender a la naturaleza de las cuentas y si son partidas estructurales, puntuales o que están directamente relacionadas con el negocio. La pregunta que hay que hacerse es: ¿si cambia mi nivel de ingresos y aprovisionamientos -partidas de la cuenta de pérdidas y ganancias-, cambian también las partidas de balance que comentamos? Si la respuesta es sí, forma parte del working capital.

 Por ejemplo, ante un aumento de los ingresos y suponiendo que los clientes te pagan a 60 días, tu partida de clientes aumentará y tendrá un valor aproximado a: Clientes ~= Ingresos * 60 días / 360 días (también habría que añadir el IVA o IGIC). Ocurrirá lo contrario si se reducen las ventas, la partida de clientes se verá reducida -irás cobrando los importes pendientes antiguos y acumulando los nuevos, que son menores-.

Lo mismo con las existencias, si vendo más, tengo un mayor coste de aprovisionamientos y por lo tanto, mi nivel de existencias deberá ser mayor para evitar una rotura de stock. Si se reducen mis ventas y no se reducen las existencias o materias primas, estaré teniendo una mala gestión ya que acumularé un exceso de activo que deberé estar financiando con recursos propios o con deuda/acreedores.

Con signo contrario, el análisis es el mismo para los acreedores. Un mayor nivel de actividad implica que la partida sea mayor, solo que en este caso, los acreedores te estarían financiando.
Otro punto importante es el análisis desde el punto de vista de los flujos de caja. Ceteris paribus y si cuadrásemos el balance solo por la caja, un aumento de una partida de activo supone una salida de caja -por ejemplo, inversiones en activo fijo, compra de existencias o un cliente que todavía no te ha pagado pero que compensaría la "entrada de caja" del ingreso en la cuenta de PyG-. Análogamente, un aumento en el pasivo supone una entrada de caja: ampliación de capital, obtención de deuda o el pago a los acreedores -por ejemplo, si compras unas existencias que vas a pagar a 60 días, tendrías una "salida de caja" por el incremento del activo que se compensaría con una "entrada de caja" por el incremento de la partida de proveedores. 60 días después, tienes que pagar a tus proveedores, la caja sale efectivamente de la partida de tesorería y se reduce el balance.
En resumen;
  • Aumento de activo: salida de caja
  • Disminución del activo: entrada de caja
  • Aumento del pasivo: entrada de caja
  • Disminución del pasivo: salida de caja

Una vez comprendido como funciona el activo circulante y sus cambios, lo que trata de ver el indicador por el que me preguntas, es el nivel sobre el balance total. No hay un criterio único, sino que influye el tipo de negocios y el análisis hay que hacerlo sectorialmente para ver las diferencias.

 De todos modos, lo realmente importante del working capital es, además de su nivel total, su variación de un año a otro para ver si te drena caja o te la aporta -te financia-. Pero la pregunta clave es: ¿un incremento en niveles de working capital es una salida o una entrada de caja? Espero a tu respuesta que es para nota, jajaja!

Reservas/activo total

Las reservas son las partidas que se encuentran dentro de los fondos propios, que a su vez están dentro del patrimonio neto, y se generan con los beneficios contables (beneficio neto) que no han sido distribuido como dividendos. Pueden ser reservas legales, estatutarias, voluntarias, reservas para inversiones en Canarias... No me parece que sea un indicador adecuado, ya que es como hablamos, se puede hacer una ampliación de capital con cargo a reservas y la realidad económica de la empresa no cambia. O se puede invertir sin dotar a la RIC, teniendo puramente una diferencia fiscal. Lo único que puede indicar es la capacidad de pagar dividendos, pero solamente sobre las reservas legales.

 En cuanto a la pregunta de si una empresa canaria debería tener más reservas que una peninsular por el tema de la RIC, quizás con dos empresas totalmente comparables, resulte que la empresa canaria tuviese un mayor niveles de reservas por la exención fiscal.

 De todos modos, sería mucho más interesante analizar el Patrimonio Neto/Activos totales. Es decir, la parte de tu negocio que está financiado por los accionistas. En cualquier caso, hablamos de definiciones contables, y el valor de mercado de las acciones no tiene que coincidir necesariamente con su valor en libros (contable).

EBIT/activo total, ROA o ROI

EBIT: Earnings Before Interests and Taxes / Resultado operativo, en términos contables

EBITDA: Earnings Before Interests and Taxes, Depreciations and Amortizations / Resultado operativo bruto, no es una definición contable regulada

El ROA/ROI es un indicador de rentabilidad muy usado, lo que hace es medir el beneficio operativo (antes de estructura financiera y de pago de impuestos). De todos modos, se suele ser más preciso el indicador ROCE: Returns Over Capital Employed, es decir, rentabilidad sobre el capital empleado. La diferencia con el ROA es que no divide entre activos totales, sino el activo necesario para funcionar, pero teniendo en cuenta que el negocio propiamente también te financia una parte. Es decir, podríamos definir el capital empleado como Activos totales menos acreedores o, lo que es lo mismo, Activos fijos más capital circulante, como lo definimos arriba.

También sería necesario excluir aquellos activos que estén en el balance y que no sea necesarios para producir la rentabilidad, el EBIT, por decirlo de alguna manera. Un ejemplo sería una compañía que tiene mucha liquidez y la invierte en bolsa, depósitos, etc. Eso hace que el nivel de activos sea mayor pero no tiene efectos sobre el EBIT (esos resultados van por debajo de ese indicador).

Asimismo, también es preciso considerar que el EBIT tiene un efecto de amortizaciones, que es una partida contable que no influye sobre la caja. Por eso, muchas veces se usa el ebitda como indicador de rentabilidad -yo lo prefiero- y, en su caso, se hace algún ajuste por las inversiones en activos fijos necesarias. Por ejemplo, negocios comos hospitales o compañías de comunicaciones, han hecho inversiones iniciales muy fuertes (construir el hospital, desplegar la red de cables, etc.) y las inversiones de mantenimiento son muy inferiores a las amortizaciones, por lo tanto, la definición de ROA o ROCE estaría penalizando su rentabilidad real, que no contable. Por eso, siempre es mejor llevar a cabo análisis sobre partidas de flujos de caja, EBITDA, flujo de caja libre, etc. (esto lo vamos a ver un poco más adelante)

Fondos propios/pasivo exigible total

Es una medida de apalancamiento, aunque pensándolo bien, nunca la había visto de esta manera... En tal caso, la habría visto como Pasivo exigible/Fondos propios, ya que es posible que una compañía no tenga pasivos exigibles, por lo que se produciría una indeterminación o resultados muy raros si el nivel de pasivos es relativamente bajo. De la otra forma, siempre se tendrá un resultado matemáticamente calculable. Además, la interpretación de ese indicador de apalancamiento es un poco torticera.

 Otra manera de pedir el apalancamiento, mucho más sensata e intuitiva es: Pasivo exigible / (Fondo propios + pasivo exigible). Y la interpretación es tan sencilla como: qué porcentaje de la financiación de mi balance es pasivo exigible. Además, normalmente para el apalancamiento solamente se tienen en cuenta la deuda, no los pasivos que se incluyen en el working capital. En tal caso, si la situación financiera de la compañía fuese muy delicada y su partida de acreedores fuese excepcionalmente grande, se podría hacer un ajuste por la diferencia entre cuál sería el nivel de mercado y el nivel que incluye, pero eso está sujeto a interpretaciones.

 Otra manera de medir el apalancamiento, que es la más que se usa, es ver el nivel de deuda en función de la caja que se puede generar. Normalmente, el indicador que se usa es Deuda neta/EBITDA. Es decir, cuántas veces está incluido el EBITDA en mi nivel de deuda. Depende mucho del negocio, pero el valor puede estar entre 3 y 5 veces. A partir de ahí, se considera que la compañía está sobreapalancada.

 Sobre el ebitda, que es un indicador de generación de caja, es interesante señalar que debe utilizarse para pagar o financiar los siguientes conceptos:

  1. Nuevas inversiones en activos fijos
  2. Financiar el capital circulante, si el working capital es positivo (es decir, que drena caja)
  3. Pagar el impuesto sobre beneficio (el de sociedades, los otros son tasas o tributos que van en el propio resultado)
  4. Pagar los intereses
  5. Pagar el principal de la deuda
  6. Retribuir al accionista

Cash flow

Es lo más importante, la capacidad de generar caja de una compañía, ya que los beneficios contables no implican necesariamente generar caja (inversiones en activos fijos, amortizaciones, working capital...). Hay distintos niveles de caja, pero para hacernos una idea, estos son los más importantes:

 +Ingresos
-Coste de ventas
= Margen Bruto
-Gastos generales (excluyendo amortizaciones)
= EBITDA
-D&A (amortizaciones)
= EBIT
- Impuestos operativos (EBIT * tipo impositivo, es decir, los impuestos que paga solo el negocio independientemente de su estructura de capital)
= Noplat (Net Operating Profit Less Adjusted Taxes)
- Capex (inversiones en capital, del inglés CAPital EXpenditures)
+D&A (sumamos las amortizaciones, que no son una salida de caja, sino un movimiento contable)
-Incremento Working Capital (para los que hayan llegado hasta aquí, respuesta implícita a la pregunta formulada en el primer punto)
= FLUJO DE CAJA DEL PROYECTO (este es el más importante, ya que se utiliza para calcular el valor de una empresa sin tener en cuenta la estructura de financiación, es decir el Valor Compañía o más conocido Enterprise Value)
- Pago de principal de deuda
- Intereses
+ Escudo fiscal de los intereses (intereses * tipo impositivo, los intereses son fiscalmente deducibles y se paga menos impuestos)
= FLUJO DE CAJA PARA EL ACCIONISTA (este sería el flujo de caja disponible para retribuir al accionista, lo cual no quiere decir que se vaya a llevar este dinero necesariamente, ya que puede dotar partidas para capitalizar la compañía.
Además, en teoría que no en la práctica, los accionistas solamente podrían llevarse la caja a través de la distribución del beneficio neto o las reservas a través de dividendos, pero eso ya es otra historia...

»

 Pues eso, fin de la cita.

 JP.

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Los cuatro pilares de la inversión

A la hora de evaluar y analizar inversiones, son muchos los aspectos y criterios que se deben tener en cuenta. Pero, si tratamos de centrarnos en el marco sobre el cual debe sustentarse cualquier tipo de inversión, deberemos analizar cuatro aspectos esenciales: los cuatro pilares de la inversión.

El primero de ellos se trata del pilar económico, en el sentido más amplio. Todo proyecto debe sustentarse sobre un plan de negocio que cree valor y que tenga sentido para todas las partes interesadas, es decir, para los inversores, potenciales clientes, proveedores y, por supuesto, para la sociedad en general.

El segundo pilar es el financiero. Aunque el proyecto sea económicamente viable, será necesario financiar su puesta en marcha con el fin de que se obtenga una rentabilidad determinada. Para ello, es vital analizar los distintos escenarios que se plantean y determinar si la rentabilidad esperada del proyecto se adecua al riesgo de la inversión. Recordemos que a mayor riesgo se le debe exigir una mayor rentabilidad; y al contrario.

El siguiente pilar es el marco jurídico en el que se vaya a desarrollar el proyecto. Podría tratarse de marcos regionales o estatales o, en el caso de que el proyecto trascienda las fronteras nacionales, es preciso analizar lar normas y leyes que apliquen en cada país involucrado y la seguridad jurídica que aporten. 

En cuarto lugar, pero no por ello menos importante, es necesario tener en cuenta las obligaciones tributarias a las que se someterá la actividad económica del proyecto en cuestión. En este sentido, es conveniente analizar todos aquellos hechos que supongan el devengo de una tasa o impuesto, pero del mismo modo es necesario considerar aquellos incentivos fiscales que la ley ofrece y que podría facilitar el cumplimiento del objetivo financiero.

Una vez que se haya realizado el análisis integral del proyecto desde los cuatro pilares, se deberá tomar una decisión sobre si se dan las circunstancias adecuadas en el entorno para poder emprender la iniciativa, asumiendo determinados niveles de riesgos o, por el contrario, los potenciales beneficios globales no compensan la incertidumbre. En aquellos casos en los que la decisión sea seguir adelante, comenzará la ejecución del proyecto e ir adaptando el plan de negocio a la realidad de su implementación -¡no todo sale como se tiene planeado desde un principio!-. Mientras que en otros casos, habrá que rechazar la iniciativa o al menos posponerla hasta que las circunstancias cambien y sean más adecuadas.

A modo de resumen, antes de emprender cualquier proyecto empresarial, debemos cerciorarnos de que todos los pilares son lo suficientemente fuertes y robustos para soportar la inversión y el plan de negocio: el sentido económico debe reflejarse en una rentabilidad atractiva, bajo un cumplimiento normativo y optimizando la estructura fiscal.

JP.

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El problema de la intervención de los mercados financieros

Este artículo fue recientemente publicado en el número 35 - enero de 2012- de Asocia, la revista de la Asociación de Antiguos Alumnos del Centro de Estudios Garrigues donde han tenido la amabilidad de invitarme a colaborar.

Una de las principales nociones que tenemos del sistema actual es que vivimos en un mercado libre. En este mercado, tanto empresas como familias, llegan a un acuerdo para determinar los precios de los bienes o servicios que uno desea prestar para satisfacer las necesidades del otro. Por ejemplo, si un empresario hostelero quiere cobrar cincuenta euros por un café, serán pocos -o ninguno- los que vayan a consumir a su cafetería y acabará en bancarrota. Por el contrario, si el cliente desea pagar diez céntimos por un café, el empresario no estará dispuesto a servírselo porque con ello tampoco podrá mantener su negocio, por mucha gente que vaya. Entre ambas partes deberán llegar a un equilibrio en el que ambos estén satisfechos por el intercambio de café por euros.

Este proceso, el de un mercado libre en el que los oferentes y los demandantes llegan a un acuerdo en precios, se puede observar en la gran mayoría de los productos y servicios. De esta afirmación se desprende que, por la propia curiosidad inherente al ser humano, nos hagamos la siguiente pregunta: ¿y cuáles son los “mercados” en los que no existe tal fijación de precios por parte de los individuos? La respuesta es sencilla: los “mercados intervenidos por el sector público”.

Sin entrar en detalles de cuáles son estos mercados, me gustaría centrar la idea en uno que nos atañe a todos y cuya intervención tiene unas consecuencias más que nocivas: el precio del dinero. Aunque éste no es un bien en sí mismo, se trata de una herramienta imprescindible para el intercambio de bienes y servicios -sin dinero sería prácticamente imposible realizar cualquier tipo de intercambio y, para poder hacerlo, deberíamos volver a la sociedad del trueque. Pero el precio del dinero está totalmente alterado y perturbado por las llamadas autoridades monetarias: Banco Central Europeo, Reserva Federal, Banco de Inglaterra, etc. Estas autoridades, de manera independiente y siguiendo un mandato de estabilidad de precios, o crecimiento económico y creación de empleo en algunos casos, deciden qué precio –tipo de interés- debe tener el dinero y qué cantidad del mismo debe circular. Intervenir los mercados puede parecer algo trivial e incluso necesario desde el punto de vista de la economía keynesiana. Sin embargo, dado que las autoridades también cometen errores, la historia nos muestra que los mercados intervenidos son ineficientes, crean situaciones insostenibles y, finalmente, fracasan en un objetivo: que unos oferentes, los empresarios, satisfagan las necesidades de los demandantes, las familias.

Algunos no estarán de acuerdo con estas palabras, algo totalmente legítimo y saludable con el fin de que se genere un debate constructivo que nos lleve a encontrar mejores soluciones a los problemas actuales. Pero si extraemos las tres ideas principales -ineficiencia, insostenibilidad y fracaso- y las aplicamos al mercado financiero intervenido en el que hemos vivido los últimos años, será muy difícil negar, independientemente de la aproximación de cada escuela económica, que por desgracia encajan perfectamente en la situación desde el comienzo de la crisis, o por lo menos desde la percepción de la misma. Y hago esta matización porque, aunque muchos consideran que el comienzo de la crisis fue la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008, o que incluso el primer aviso fue en los mercados bursátiles un año antes en el verano de 2007, estos acontecimientos simplemente son la consecuencia del problema subyacente y que empezó muchísimo antes con la intervención sistemática y corrosiva del mercado financiero por parte de las autoridades monetarias. Vamos a explicar el porqué.

Los banqueros centrales siempre han tenido el impulso de que, para atajar las crisis económicas, la solución era una política monetaria expansiva que generase más dinero y de esta forma impulsase la economía. Este efecto se puede conseguir de dos maneras; la primera de ellas, a través de la impresión de dinero nuevo para que se lleven a cabo nuevos proyectos aumentando la demanda agregada. El problema de estas políticas es que ese nuevo dinero que se imprime no está respaldado por una riqueza real. Pongamos un ejemplo, supongamos que el total de la economía estuviese formado por diez casas cuyo valor conjunto fuese cien euros (diez euros por casa). Si de repente imprimimos más dinero hasta un total de ciento cincuenta euros, el precio de las diez casas subirá hasta quince euros cada una, debido al aumento de la demanda por el incremento del dinero disponible. Pero las casas seguirán siendo exactamente las mismas. Lo único que hemos hecho ha sido aumentar ficticiamente sus precios.

La política monetaria expansiva continúa con la reducción del precio del dinero, es decir, bajando los tipos de interés. Lo que indican estos tipos, al fin y al cabo, es “por cuánto estaríamos dispuestos a dejar de tener hoy nuestro dinero a cambio de una mayor cantidad en el futuro”, es decir, cuánto estaríamos dispuestos a cobrar por prestar nuestro dinero. O visto de otra manera, “cuánto dinero estaríamos dispuestos a dar en el futuro por disponer de una cantidad de dinero hoy”, en definitiva, cuánto estaríamos dispuestos a pagar porque nos presten ese dinero. Y, en el fondo, esto no difiere tanto del ejemplo de la taza de café, con la salvedad de que el precio de esta taza de café -el dinero- está altamente condicionado por unas políticas monetarias que tratan de cumplir unos objetivos demasiado cortoplacistas, en vez de tener una visión mucho más próspera y de creación de valor a largo plazo.

Desde la segunda mitad de la década de los noventa, la Reserva Federal ha llevado a cabo una serie de políticas económicas que, en un primer momento, supusieron un aumento importante en la impresión de dinero y, posteriormente, unos tipos de interés muy bajos. Por otro lado, con la entrada en funcionamiento de la Unión Económica y Monetaria en la Unión Europea, la tendencia y convergencia de todos los países a asemejar sus políticas monetarias con las del Bundesbank -que históricamente había tenido unos tipos de interés bajos-, no concordaba con las estructuras productivas de los países de la Unión, creando distorsiones en el mercado cuyas consecuencias aún estamos sufriendo.

Por todo ello, tras el pinchazo en 2001 de las “punto com” y las política de gasto y expansión monetaria que conllevaron los atentados del 11-S, el precio del dinero -es decir los tipos de interés- fue muy bajo. En consecuencia, la gente no tuvo tanta ilusión en prestar dinero, ya que los intereses que recibirían serían muy reducidos. Por el contrario, preferían pedir prestado y devolverlo un tiempo más tarde, dado que tendrían que pagar pocos intereses. Esto hizo que el consumo aumentase, pero a cambio de contraer unas deudas que deberían ser devueltas con la producción futura.

En otras palabras, nuestra sociedad ha consumido en el pasado a cambio de dejar de consumir en el presente. La crisis actual viene motivada por una caída espectacular del consumo, porque lo que las familias están generando lo tienen que destinar a pagar las deudas que han sido contraídas en el pasado para comprar la casa, adquirir un coche o irse de vacaciones. Y en el sector público no hay tanta diferencia. La deuda que se emitió para llevar a cabo los planes de gasto efectuados desde 1995 hay que devolverla, y para ello tendremos que dejar de gastar en otras cosas, todo esto unido a que ahora el Estado recauda menos por la baja actividad económica (caída del PIB, alto desempleo, etc.)

En definitiva, los bienes y servicios que se han consumido en el pasado a cambio de la emisión de deuda, hay que pagarlos con la producción del presente, y eso solo se puede hacer con unas acciones -tanto a nivel nacional como dentro del ámbito familiar- que requieren una gran cantidad de esfuerzo y sacrificio. Un esfuerzo y un sacrificio que deben ir acompañados de unas políticas económicas muchísimo menos intervencionistas, que dejen decidir a las personas cuánto están dispuestos a cobrar o a pagar por taza de café o por el dinero. El debate está servido.

JP.

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La trinidad imposible

Hoy me gustaría hablar de un concepto económico conocido como la Trinidad Imposible (aunque también la he visto nombrada como la tríada imposible). Básicamente se basa en que, en la fijación de las políticas económicas, existen tres objetivos que no se pueden cumplir simultáneamente. Solo es posible cumplir dos. Estos tres objetivos son los siguientes:

  • Libertad en en la circulación de capitales: es decir, que el capital pueda entrar y salir libremente de una economía sin restricciones
  • Política monetaria independiente: mantener la base monetaria que desee la autoridad competente en la materia (Bancos Centrales, Reserva Federal, etc.)
  • Estabilidad cambiara: un tipo de cambio fijo de la moneda local con respecto al resto de divisas

Analicemos ahora por qué es imposible conseguir los tres objetivos a la vez. Supongamos, en primer lugar, que un país desea tener una política económica que implique libertad de capitales y política monetaria independiente. En ese caso, para que se cumpla el requisito de libertad de capitales, la moneda local se debería poder cambiar en cualquier momento, bien sea comprando o vendiendo divisas. Sin embargo, puesto que la autoridad monetaria desea mantener su base monetaria independiente, no podrá intervenir en dicho mercado y, por lo tanto, el tipo de cambio de la divisas fluctuará libremente -dos de tres objetivos cumplidos. Este es el caso de las economías occidentales, como la Zona Euro, Estados Unidos, Inglaterra...

Supongamos, en segundo lugar, que un país desea tener una libre entrada y salida de capitales y al mismo tiempo poseer un tipo de cambio fijo. La única manera de que los operadores puedan comprar y vender la moneda con respecto al resto de divisas es que exista algún agente del mercado que esté dispuesto a comprar y vender a ese precio, es decir, que intervenga el mercado. Este agente debe ser, necesariamente, la autoridad monetaria que a través de la emisión o compra de la moneda en el mercado de divisas aumentará o reducirá la base monetaria -dos de tres objetivos cumplidos. Este es el caso de China, que en su apertura hacia el capitalismo ha decidido dejar un tipo de cambio fijo, siendo el Banco Popular Chino quien suministra liquidez en el mercado. Dado que todo el mundo está comprando yuanes (principalmente, Estados Unidos) el Banco Popular Chino está acumulado una ingente cantidad de divisas.

Por último, supongamos que un país intenta tener una política monetaria independiente y un tipo de cambio fijo. Al no haber una autoridad monetaria que aportase liquidez a la moneda local en el mercado de divisas, tan solo podría entrar o salir capital de la economía cuando otros dos agentes se pusiesen de acuerdo en dicho tipo de cambio prefijado, limitando, de esta manera la entrada y salida de capital -dos de tres objetivos cumplidos. Si no existiesen esos dos agentes que llegan a un acuerdo en el precio de la divisa, estaríamos hablando de una economía autárquica. Además, no tendría sentido un tipo de cambio flexible en un país que no dejase entrar y salir al capital libremente. Por otro lado, estar cerrado al comercio internacional significaría que ese país debería autoabastecerse, tanto desde el punto de vista de subsistencia como de progreso tecnológico. Este cierre llevaría implícito un retraso significativo con el resto de países del mundo, como ha sucedido en economías cerradas como otrora la china, la española durante el franquismo o el comunismo cubano o norcoreano.

Que cada país o economía decida que dos objetivos desea cumplir. Personalmente, prefiero el primer caso.

JP.

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Entrevista a José Olalla, CIO del BBVA

Navegando en la web Club-MBA encontré esta entrevista al Chief Information Officer (CIO) del BBVA, José Olalla. En ella habla de temas que considera de vital importancia para el desarrollo del banco tanto a nivel nacional como internacional, su perspectiva de la situación económica y hace un breve repaso sobre su trayectoria profesional.

“La innovación forma parte del ADN del BBVA”

Recomiendo su lectura.

JP.

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Un niño de 13 años crea un sistema que mejora la energía solar en un 20% gracias a Fibonacci

Acabo de leer esta noticia en RTVE.ES que habla de como un estudiante de instituto, aplicando unos conocimientos científicos básicos como es la sucesión de Fibonacci, ha diseñado una estructura de colocación de placas solares que mejora la eficiencia de las mismas en hasta un 50% (20% de media).

El muchacho en cuestión hizo, simple, llana y tan extraordinariamente el ejercicio de observar a los mejores recolectores de energía solar, los árboles, analizar el patrón de la estructura de sus hojas y... Voilà! Una mejora de eficiencia espectacular... ¡Y todo esto con tan solo 13 años!

Modelo de árbol fotovoltaico eficiente

Creo que lo que ha hecho este niño es un ejercicio meridiano de humildad y de cómo incluso las mejores mentes no son capaces de superar a los millones de años de conocimiento acumulado por la evolución de la Naturaleza.  Habrá que pensar formar de aplicar este tipo de experiencias que redunden una distribución más eficiente de los escasos recursos que disponemos para intentar mejorar la calidad de vida y generación de valor...

Actualización (Bonus III - lo pongo por encima del resto debido a su importancia): A través de un comentario, Eddie nos pasó este magnífico enlace a un avance del programa Redes, que se puede ver al completo en Internet. En él, se habla de cómo los seres humanos deberían copiar lo que hace la naturaleza para ser más eficientes. ¡Muchas gracias, Eddie!

 Bonus: dejo otro ejemplo de actualidad donde se puede apreciar la sucesión de Fibonacci en la Naturaleza, esta vez a través de su desarrollo en espiral aúrea, el huracán Irene.

Huracán Irene en su formación sobre el océano Atlántico

Bonus II: Otra foto de Irene donde, además, viene marcada la espiral áurea, por cortesía de @Gerson_hg

 

Espiral áurea superpuesta al huracán Irene

JP.

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Avanza

Les dejo un enlace a esta interesante entrada publicada por mi buen amigo Adriel García en la que habla de cómo enfrentarse a distintas situaciones de la vida y de que, a veces, el problema no radica en el fondo sino en la manera de afrontarlo.

Entre los principios fundamentales explicados en el artículo, se encuentran los siguientes, que cito textualmente:

"...

  • Definir claramente los objetivos. ¿Qué quieres hacer o conseguir? Es lo primero que debes saber.
  • Ser razonable y no autoengañarte.
  • Aceptar el miedo, realmente sentirlo no es negativo si se gestiona adecuadamente.
  • Crear un clima propicio.
  • Sopesar las diferentes opciones y sus posibles consecuencias.
  • Y lo más importante, aquello que finalmente decidas, llevarlo a cabo.

..."

JP.

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Aprender a pensar

Hace años llegó hasta mi una anécdota, no recuerdo ni cómo ni de quién, que cambió mi forma de plantearme los problemas, desde los más triviales a los más complejos, así como la búsqueda de las posibles soluciones.  La mayor parte de las veces intentamos buscar complejas y desarrolladas soluciones cuando, en realidad, solamente es necesario saber utilizar la herramienta correcta de la forma adecuada, por muy simple que parezca.

Espero que disfruten el texto tanto como lo hice yo la primera vez y aún continuo haciéndolo cada vez que lo releo.

Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:

Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que este afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo.

Leí la pregunta del examen y decía: Demuestre como es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro.

El estudiante había respondido: lleva el barómetro a la azotea del edificio y átale una cuerda muy larga. Descuélgalo hasta la base del edificio, marca y mide. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio.

Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente.

Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudios, obtener una nota mas alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.

Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.

Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunte si deseaba marcharse, pero me contesto que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excuse por interrumpirle y le rogué que continuara.

En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: coge el barómetro y déjalo al suelo desde la azotea del edificio, calcula el tiempo de caída con un cronometro. Después se aplica la formula altura = 0,5 por G por T al cuadrado. Y así obtenemos la altura del edificio. En este punto le pregunte a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota mas alta.

Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta. Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio.

Perfecto, le dije, ¿y de otra manera? Si, contesto, este es un procedimiento muy básico para medir un edificio, pero también sirve. En este método, coges el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el numero de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el numero de marcas que has hecho y ya tienes la altura. Este es un método muy directo.

Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento más sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro esta a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla formula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio.

En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su periodo de precesión. En fin, concluyo, existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea coger el barómetro y golpear con el la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle: señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo. En este momento de la conversación, le pregunte si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares distintos nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares) evidentemente, dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar.

El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica. Al margen del personaje, lo divertido y curioso de la anécdota, lo esencial de esta historia es que le habían enseñado a pensar.

JP.

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