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La trinidad imposible

Hoy me gustaría hablar de un concepto económico conocido como la Trinidad Imposible (aunque también la he visto nombrada como la tríada imposible). Básicamente se basa en que, en la fijación de las políticas económicas, existen tres objetivos que no se pueden cumplir simultáneamente. Solo es posible cumplir dos. Estos tres objetivos son los siguientes:

  • Libertad en en la circulación de capitales: es decir, que el capital pueda entrar y salir libremente de una economía sin restricciones
  • Política monetaria independiente: mantener la base monetaria que desee la autoridad competente en la materia (Bancos Centrales, Reserva Federal, etc.)
  • Estabilidad cambiara: un tipo de cambio fijo de la moneda local con respecto al resto de divisas
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When Oil Peaked

"Hubbertistas contra curnicopias"

Título: When Oil Peaked

Autor: Kenneth S. Deffeyes

Valoración: 8/10

Editorial / Año de publicación / nº páginas: Hiland Wang / 2010 / 152 págs.

ISBN: 978-0-8090-9471-4

Recomendado por una persona muy cercana a mi y que tiene una gran relación y conocimiento con el mundo de la energía, este libro me ha parecido el equivalente en el campo del petróleo de "Brevísima historia del tiempo" de Stephen Hawking, con respecto a la física.

Sin entrar en complejos (o quizás no tanto) razonamientos científicos, Deffeyes hace una aproximación a las dos vertientes que hay ahora mismo sobre el futuro del petróleo. Una de ellas, la de los curnicopias hace referencia a que el petróleo es una materia de la que podremos abastecernos eternamente, como hacía en la mitología griega el cuerno de la prosperidad y la afluencia.

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Un paso por delante de la bolsa

"Cómo usar lo que ya sabes para ganar dinero en la bolsa"

Título: One Up On Wall Street: How To Use What You Already Know To Make Money In The Market (Título en castellano: "Un paso por delante de la bolsa")

Autor: Petery Lynch (con John Rothchild)

Valoración: 10/10

Editorial / Año de publicación / nº páginas: Fireside / 1989 / 304 págs.
ISBN:0-7432-0040-3

Peter Lynch es uno de los más afamados financieros y gestores de fondos de la historia. Inició su "carrera" como caddy en un club de golf, donde escuchaba hablar de compañías y cotizaciones a empresarios y financieros, quedando fascinado por este mundo. Posteriormente, acabó dirigiendo el Fondo Magellan, de la gestora Fidelity Investment, obteniendo desde 1977 hasta 1990 unos retornos medios del 29,2% anual y batiendo por goleada cualquier índice o sector.

Pero la idea de este post no es hablar de Peter Lynch, sino de uno de sus libros: "Un paso por delante de la bolsa". En él, Lynch hace un recorrido a través de cuáles son sus criterios de inversión y cómo encontraba empresas que acababan convirtiéndose en tenbaggers, es decir, que multiplicaban su valor por diez. En el texto, hace una aproximación tanto financiera como psicológica sobre las inversiones y sobre inversores - parte fundamental del libro, matizando, claramente, cuáles son para él las principales diferencias entre un inversor profesional y uno particular.

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Un niño de 13 años crea un sistema que mejora la energía solar en un 20% gracias a Fibonacci

Acabo de leer esta noticia en RTVE.ES que habla de como un estudiante de instituto, aplicando unos conocimientos científicos básicos como es la sucesión de Fibonacci, ha diseñado una estructura de colocación de placas solares que mejora la eficiencia de las mismas en hasta un 50% (20% de media).

El muchacho en cuestión hizo, simple, llana y tan extraordinariamente el ejercicio de observar a los mejores recolectores de energía solar, los árboles, analizar el patrón de la estructura de sus hojas y... Voilà! Una mejora de eficiencia espectacular... ¡Y todo esto con tan solo 13 años!

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La vaca púrpura

"Diferénciate para transformar tu negocio"

Título: La vaca púrpura ("Purple Cow")

Autor: Seth Godin

Valoración: 4/10

Editorial / Año de publicación / nº páginas: Gestión 2000 / 2002 / 184 págs.

ISBN: 978-84-9875-087-4

Hoy terminé de leer este pequeño libro que trata sobre la manera de crear productos con éxitos y la importancia del marketing en su desarrollo. Se basa en la premisa de que la relación entre la industria y la televisión (refieriéndose con ello a la publicidad) ha desaparecido. Según el autor, tesis que desarrolla a lo largo del libro, la industria invertía dinero en publicidad para obtener beneficios, reinvirtiendo estos, a su vez, en más publicidad para generar más beneficio... Un círculo vicioso...

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Hayek vs. Keynes (parodia hip-hop)

Me llegó a través de twitter (@GRN_HG ) este genial  (freaky) vídeo en el que dos grandes economistas se enfrentan en una parodia a ritmo de hip-hop. Hablo de F.A. Hayek, propulsor de la Escuela Austriaca de Economía, y del archiconocido John M. Kaynes, padre de la corriente económica intervencionista que lleva su nombre, el keynesianismo.

Independientemente de lo que puedan pensar unos y otros de cada escuela, merece la pena ver el vídeo hasta el final, e incluso verlo repetidas veces para darse cuenta de algunos detalles que están un poco más escondidos (¿tongo?)... En definitiva, es un hilarante vídeo y espero que consiga que esbocen una sonrisa.

Bonus: Aquí les dejo un enlace al vídeo original, con más calidad y con posibilidad de incorporar los subtítulos en inglés.

JP.

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Avanza

Les dejo un enlace a esta interesante entrada publicada por mi buen amigo Adriel García en la que habla de cómo enfrentarse a distintas situaciones de la vida y de que, a veces, el problema no radica en el fondo sino en la manera de afrontarlo.

Entre los principios fundamentales explicados en el artículo, se encuentran los siguientes, que cito textualmente:

"...

  • Definir claramente los objetivos. ¿Qué quieres hacer o conseguir? Es lo primero que debes saber.
  • Ser razonable y no autoengañarte.
  • Aceptar el miedo, realmente sentirlo no es negativo si se gestiona adecuadamente.
  • Crear un clima propicio.
  • Sopesar las diferentes opciones y sus posibles consecuencias.
  • Y lo más importante, aquello que finalmente decidas, llevarlo a cabo.

..."

JP.

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Aprender a pensar

Hace años llegó hasta mi una anécdota, no recuerdo ni cómo ni de quién, que cambió mi forma de plantearme los problemas, desde los más triviales a los más complejos, así como la búsqueda de las posibles soluciones.  La mayor parte de las veces intentamos buscar complejas y desarrolladas soluciones cuando, en realidad, solamente es necesario saber utilizar la herramienta correcta de la forma adecuada, por muy simple que parezca.

Espero que disfruten el texto tanto como lo hice yo la primera vez y aún continuo haciéndolo cada vez que lo releo.

Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:

Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que este afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo.

Leí la pregunta del examen y decía: Demuestre como es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro.

El estudiante había respondido: lleva el barómetro a la azotea del edificio y átale una cuerda muy larga. Descuélgalo hasta la base del edificio, marca y mide. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio.

Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente.

Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudios, obtener una nota mas alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.

Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.

Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunte si deseaba marcharse, pero me contesto que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excuse por interrumpirle y le rogué que continuara.

En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: coge el barómetro y déjalo al suelo desde la azotea del edificio, calcula el tiempo de caída con un cronometro. Después se aplica la formula altura = 0,5 por G por T al cuadrado. Y así obtenemos la altura del edificio. En este punto le pregunte a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota mas alta.

Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta. Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio.

Perfecto, le dije, ¿y de otra manera? Si, contesto, este es un procedimiento muy básico para medir un edificio, pero también sirve. En este método, coges el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el numero de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el numero de marcas que has hecho y ya tienes la altura. Este es un método muy directo.

Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento más sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro esta a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla formula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio.

En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su periodo de precesión. En fin, concluyo, existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea coger el barómetro y golpear con el la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle: señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo. En este momento de la conversación, le pregunte si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares distintos nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares) evidentemente, dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar.

El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica. Al margen del personaje, lo divertido y curioso de la anécdota, lo esencial de esta historia es que le habían enseñado a pensar.

JP.

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